23 abril 2017

La unidad de España es incuestionable

Aplicar el principio de autodeterminación a una o varias partes de ese todo que es la Nación española resulta constitucionalmente inviable, políticamente insolidario, e históricamente anacrónico. Las razones que hacen improcedente jurídicamente el derecho de autodeterminación son obvias, tanto desde el punto de vista constitucional, como desde el Derecho internacional. La autodeterminación es irreconcialiable con la Constitución española de 1.978. Nuestra Constitución configura en su Título octavo, en relación con el artículo segundo, el llamado Estado de las Autonomías, caracterizado desde el punto de vista de la naturaleza constitucional como un Estado intermedio entre el federal y el puro Estado regional descentralizado. La diferencia fundamental entre un, Estado Federal y el Autonómico consiste en que es característica esencial del primero que los Estados miembros, salvo que renuncien, ostentan una autonomía política plena, que incluso conlleva en sí el poder constituyente; por el contrario, la autonomía política que contempla nuestra Constitución respecto a las Comunidades Autónomas excluye el poder legislativo. De acuerdo con nuestra Constitución, el poder constituyente reside en la Nación española. Así, la Constitución en su preámbulo establece: «La Nación española... en uso de su soberanía, proclama su voluntad de...». 

Las Comunidades Autónomas no tienen un poder constituyente legislativo, sino un poder otorgado; su potestad legislativa surge de una Ley dimanada del Parlamento español constituido sin perjuicio de su ratificación posterior en el referéndum de los respectivos territorios. En consecuencia, el poder constituyente, que es necesario para poder ejercer el principio de libre determinación de los pueblos, solamente lo ostenta la Nación española, de tal forma que éste es el único sujeto que en cualquier caso tendría derecho a decidir la autodeterminación de cualquier parte del territorio español, ya que el artículo segundo de la Constitución establece como principio esencial de la configuración del Estado autonómico: «La indisoluble unidad de la Nación española, patria común indivisible de todos los españoles». Cualquier planteamiento de un pretendido ejercicio de derecho de autodeterminación para una parte del territorio español sería contrario al artículo segundo y, sobre todo, contrario al sistema constitucional.

Desde el Derecho internacional tampoco puede hablarse en este caso de un derecho de autodeterminación. El artículo primero de la Carta Fundacional de las Naciones Unidas enumera, entre sus propósitos, fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos. Pero esta declaración de propósitos es desarrollada jurídicamente en la famosa Resolución 2.625 de la Asamblea General que establece que todos los pueblos tienen derecho de determinar libremente, sin ingerencia externa, su condición política, pero señala a continuación que ninguna de las disposicines de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que se autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menoscabar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que se conduzcan de conformidad con el principio de igualdad de derechos y de libre determinación de los pueblos descritos, y estén, por tanto, dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivos de raza, credo o color. 

Buscar analogías entre determinadas Comunidades Autonómicas de España y las nacionalidades soviéticas de Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania y otras, es descabellado, entre otras cosas porque, en su origen, la propia Constitución soviética reconocía la autodeterminación de estas nacionalidades, y porque, en última instancia, se trata de pueblos, originariamente independientes, que nunca reconocieron su integración nacional con un proyecto común. En última instancia, la propia historia política de España se opone al reconocimiento del derecho de autodeterminación de cualquier parte de ella. La Nación española, constituída como Estado en los términos actuales desde los Reyes Católicos, es una realidad que está por encima, incluso, de la Constitución española, que no es ni siquiera disponible para el propio poder constituyente, puesto que no se trata de una mera cuestión del reconocimiento de una tradición, sino, además es una realidad natural que sobrepasa la propia historia. 

No debemos olvidar que la Teoría de las Nacionalidades, elaborada por Manzini, es obra del siglo XIX, muy posterior a la realidad nacional española. Pero aún entrando en la consideración de la misma, la identificación de una nación no puede producirse simplemente, o bien por la pura existencia de una lengua diferenciada, porque en tal caso resulta absurdo que no exista una sola nación española integrando en toda ella a todos los pueblos de habla hispánica, o bien por la pura idea de una raza, salvo que haya quien quiera continuar los excesos raciales de nacionalsocialismo alemán. El elemento más importante que reconoce la existencia de una Nación es, sin lugar a duda, la soberanía. Ya decía Hobbes: «Ni la homogeneidad lingüística ni la étnica figuran entre los elementos que constituyen el Estado». Lo que realmente constituye el Estado, desde Bodino, es la soberanía, y ésta reside en el pueblo español en su totalidad. Aquel gran catalán que fue Cambó, pudo escribir con acierto: «Sí, os digo que entre España y las regiones que la integran habrá siempre la misma relación que por naturaleza existe entre el río y los manantiales que forman el caudal que lleva, porque la patria es como el río: no será caudaloso si son escasos los manantiales; cuanto más grande sea la riqueza de las regiones, más poderosa, más rica potente será España».

Las actuales invocaciones al derecho de autodeterminación hechas por algunas fuerzas políticas en el País Vasco y Cataluña tienen su raíz en errores y lagunas de cuya responsabilidad no está exento el socialismo. El Partido Socialista adoptó, desde el inicio de la transición, una posición ambigua respecto al principio de autodeterminación y del Estado de las Autonomías. El PSOE ha ido cambiando su política autonómica según las exigencias de su estrategia política, haciendo efectivo el principio de oportunismo que marca su ideología actual. 

La Resolución sobre nacionalidades y regiones del Congreso Socialista de octubre de 1974 asumía una expresa y rotunda defensa del derecho de autodeterminación. Cuando se aproximaron las elecciones y el socialismo entendió que podía acercarse al poder, en 1979, se alió con UCD en el proyecto de LOAPA. Y, por último, el confusionismo reciente del PSOE en torno al federalismo hay que entenderlo como un intento de centralización encubierta basada en el principio de uniformismo. En esta situación de ambigüedad se ha dado la posibilidad de un planteamiento radical por parte de fuerzas políticas del nacionalismo vasco y catalán. En todo caso, el rechazo del derecho de autodeterminación no puede hacernos caer en una reacción centralista en contra del principio de autonomía. Es preciso avanzar en el Estado de las Autonomías, llegar a un acuerdo en la ampliación de los techos competenciales, hacer eficaz realidad el sueño de Ortega: «Yo imagino que cada gran comarca se gobierna a sí misma, que es autónoma en todo lo que afecta a su vida particular; más aún: en todo lo que no sea estrictamente nacional». La amplitud en la concepción del «self gouvernment» debe ser generosa, hasta el punto de que resulte más breve enumerar lo que se retiene para la Nación que lo que se entregue a la región. 

En la medida en que las regiones españolas sean más autónomas, España será más rica y más grande. Existirá unidad nacional en la medida que exista un proyecto nacional. En su definición resulta aleccionadora la reflexión de Julián Marías en La España inteligible. Para Marías, ese proyecto, que surgió con la peculiar romanización denominada «hispanización», prosiguió con la decisión de la defensa del cristianismo ante la «pérdida de España» que supuso la invasión árabe y, sobre todo, desde el punto de vista histórico, de la idea europea occidental. Ese proyecto, sin duda, continuó a lo largo de los siglos y tiene ahora un reto de futuro que se concreta en la consolidación de la democracia. Desempolvar actitudes de rabiosos nacionalismos, dar vía libre a las políticas de campanario, querer borrar una realidad acumulativa, amasada a lo largo de siglos, como es España, invocar el derecho de autodeterminación gratuita y, por qué no decirlo, frívolamente, amenaza esa consolidación democrática que ha de marcar el futuro de nuestro país si deseamos figurar entre las naciones que no pierden el paso. Los reinos de Taifas fueron un episodio superado de nuestra Historia. La unidad de España no debe ser entendida meramente como un importante hecho del pasado sino como una dinámica realidad hacia el futuro. Sin uniformismos, pero también sin amputaciones.

22 abril 2017

No te quites el sayo hasta el cuarenta de mayo

Las cigüeñas se han anticipado. Vuelven a una primavera prematura, cuando todavía ni siquiera ha pasado el invierno. Al árbol de mi ventana le talaron con sus hojas verdes y era una lástima verle sometido a un calendario burocrático, cuando todavía pimpaban sus ramas ajenas a la voluntad codificada de los jardineros. Y es que la Naturaleza tiene unas leyes regulares, pero anárquicas, imprevisibles, dicen, aunque cíclicas. 

Basta con que se modifique el tiempo para que todo se demore o se anticipe. Las cigüeñas de la infancia volaban siempre con sus niños colgados del pico y cestitos de almendras dulces para los hermanos.Venían de París. Pero ahora hemos perdido la inocencia y ellas sin finalidad alguna retornan a destiempo tan perplejas como los hombres, que últimamente no saben a qué carta quedarse. La demasiada información confunde, aturrulla. 

Estábamos acostumbrados a ciclos regulares con estaciones previsibles, con meses rigurosos y cumplidores: «En abril aguas mil» o ese tan conservador de «Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo». Y de pronto no sirven los refranes, ni basta previsión alguna ni la información por redundante y múltiple crea lagunas de indiferencia, de aceptación en unos cerebros lentos y pocos preparados. Información-desinformación. No queda tiempo para la meditación y la leyenda. 

Todo es simultáneo y sucesivo, atropellado. Somos cigüeñas desorientadas pero cabezonas, empeñadas en extraer principios, leyes generales, conclusiones y en un mosaico cada vez más heterogéno incluimos los datos, barajando variantes, imponiendo un sentido. Saltamos del gamín colombiano al cementerio nuclear, del chip japonés a las convulsiones nacionalistas, de Nicaragua a Camboya y de la inflación del 5% a la catástrofe argentina. 

Vacilamos entre lo particular y lo general y vamos dejando cadáveres amontonados en la cuneta y en las fosas comunes con la impunidad que brinda la estadística. Pero a veces nos detenemos, miramos hacia el campanario y nos parece ver todavía a la cigüeña que regresa con el niño en el hatillo, porque seguimos añorando el milagro...

21 abril 2017

A Van Gogh le gustaban las prostitutas

Amsterdam, 20 de mayo. En la exposición de Van Gogh, los visitantes, en ordenada muchedumbre, avanzan en fila india a lo largo de las paredes de las que cuelgan los cuadros. Cada visitante hace una pausa de un cuarto de minuto, treinta segundos, un minuto quizá, y luego sigue adelante, desalojado por los que vienen detrás. Así pues, quince, treinta segundos para «sentir» cada cuadro de uno de los más famosos maestros de la pintura moderna. Se impone, en esta reflexión, preguntarse qué «sienten» los visitantes «verdaderamente». La respuesta es que «sienten» lo mismo que los críticos y entendidos más refinados, lo que pasa es que no tienen capacidad para expresar con palabras, escritas o habladas, eso que «sienten». Les pasa lo que a los niños, que se parecen en todo y por todo a los adultos y tienen idénticos sentimientos, pero no son capaces de comunicarlos. ¿Quiere decir eso, entonces, que comunicar lo que se siente es más importante que el mero hecho de sentirlo? Nada de eso. Lo más importante es que el arte «actúe». 

Ha venido al mundo para «actuar», es decir, para comunicar con las personas. Poco importa el que, luego, esas mismas personas sepan comunicarse más o menos las unas a las otras aquello que han sentido. Como es natural, cada uno «siente» las cosas de manera distinta. Por ejemplo, observando muchísimos cuadros de Van Gogh, a mí siempre me ha llamado la atención la capacidad del pintor holandés para comunicar a través de los colores, y a través de las combinaciones de colores y formas, sensaciones que aparentemente no tienen nada que ver con la pintura. Hablo de sensaciones, no de sentimientos. De hecho, lo que me comunican determinados cuadros de Van Gogh tiene que ver más con el oído que con la vista. Y tampoco estoy diciendo nada nuevo, claro. Ya Rimbaud, con un famoso soneto suyo, había revelado la analogía existente entre el sonido y el color. Cada vocal evocaba un color: la a el negro, la e el blanco, la i el rojo, la u el verde, la o el azul. Frente a los cuadros de Van Gogh he advertido muchas veces, casi con escalofríos, algo invisible que, a la postre, tendremos que llamar silencio.

Hay silencios que no son otra cosa que ausencia de sonidos. Pero también hay silencios que hablan, es decir, que tienen un significado tan complejo y misterioso como las formas y colores. Eso ocurre con ciertos cuadros de Van Gogh. Para empezar, el Café nocturno. Este cuadro, por lo que se sabe, fue hecho para sustituir a otro de tema parecido y que, al parecer, representaba un burdel. Van Gogh quería pintar un cuadro sobre el carácter solitario y abyecto del amor mercenario. Pero, como no tenía suficiente dinero para pagar a las' modelos, se «reorientó» hacia el «café nocturno», lugar también de desesperada soledad y abyección. De hecho, según las propias palabras de Van Gogh, «terribles pasiones» se ocultan bajo la escuálida y fiel tranquilidad del «café nocturno». Lo que emana del cuadro es el silencio lleno de remordimientos de una noche solitaria pasada en un lugar público que hace las veces de hogar. El «café nocturno» es un lugar de perdición muda y resignada para vagabundos, borrachos, artistas fracasados y parados sin techo. El silencio de este cuadro recuerda al silencio que se percibe después de una catástrofe y está conseguido con medios pictóricos de manera sencilla y eficaz. Alrededor de las tres lámparas, la luz se representa como la única cosa móvil dentro de la inmovilidad de todo el ambiente. Como las nubes de insectos que acuden a las lámparas en las zonas tropicales, la luz «revolotea» en tomo a las lámparas del «café nocturno» con una especie de callado frenesí. En cambio, todo lo demás, los parroquianos, el patrón de pie entre las mesas, los muebles y los demás elementos, se halla inmóvil, como en una fulgurante instantánea. El contraste que se produce entre la movilidad de los halos de luz y la inmovilidad del ambiente sugiere en buena medida la sensación del silencio. En el reloj de pared, la aguja señala una hora tardía. Quizá el primer sonido después de tanto silencio sea el del reloj dando las horas.

Otro cuadro de Van Gogh que transmite la sensación de silencio es «la noche estrellada». En él se evoca una atmósfera muy distinta de la del «café nocturno». Si en éste, el silencio es desesperado, en «la noche estrellada» el silencio resulta exaltado, aunque pavoroso. Le trae a uno a la memoria aquella frase de Pascal que decía que «el silencio eterno de los espacios infinitos me aterra». Es una noche de verano, con el cielo sin nubes, aunque repleto de estrellas de furioso resplandor. Un gigantesco ciprés, parecido a una llama solitaria y flameante, domina el panorama bajo y diminuto de un pueblo adormecido en torno a su campanario. La sensación de silencio, al igual que en el cuadro del «café nocturno», se consigue mediante el contraste de la nobleza de las ondas lumínicas de las estrellas y la inmovilidad del paisaje que tienen debajo. A su vez, la luz de las estrellas se representa con colores que van del amarillo al blanco y al azul, replegados sobre sí mismos como inmensos ovillos en el momento de deshacerse. Ese silencio eterno de los espacios infinitos de que habla Pascal está presente en el cielo nocturno y constituye el fondo del firmamento. El silencio de una soledad todavía más profunda que la del «café nocturno» y «la noche estrellada» aparece en el «autorretrato» que pintó nada más autoamputarse la oreja. Van Gogh se cortó la oreja derecha después de una furiosa disputa con su amigo Gauguin. Quizá no sea inútil recordar que existe una costumbre japonesa que coniste en que, durante una discusión, se corte uno un dedo y se lo arroje en la cara al adversario. Se supone que, después de arrojarle el dedo amputado, el adversario accede a nuestras peticiones. Parece ser que Van Gogh se cortó la oreja bien con el ánimo de castigarse, bien con el de tirársela al mundo a la cara. Sea como fuere, el autorretrato expresa la sensación del silencio posterior a una tempestad interior de insólita violencia. Los tonos rojos y anaranjados del fondo hacen destacar el azul cruel, lleno de dolor, de los ojos. El color verde del abrigo hace destacar el rosa del rostro y de los labios apretados sobre la boquilla de la pipa. Van Gogh calla y fuma. Este cuadro subraya precisamente el silencio de un hombre «extremo» que no tiene ya nada que decir.

Otro cuadro lleno de silencio es el del «sembrador». En él, la soledad y el silencio tienen un significado positivo, totalmente contrario al negativo del autorretrato con la oreja vendada. Sembrar es un acto ritual, casi religioso, que, en cualquier caso, significa fe. Es curioso que el rostro del sembrador no tenga rasgos. Tiene un gesto en cierto modo simbólico. No necesita 'tener una cara reconocible. Su gesto consiste en esparcir sobre la tierra abierta por el arado, en una fría mañana de otoño, granos y silencio. Un sol amarillo y enorme es el mudo testigo de ese rito.

20 abril 2017

En España se utilizan animales para la tortura

Esgrimiendo adjetivos como «tradicional» o «popular» y amparándose en la propiedad privada y particular, en España se pueden utilizar animales para la tortura. Un ganadero, un mozo, el alcalde o cualquiera puede comprar un animal que luego «donará» para las fiestas. Se amparan en que es propiedad privada y su uso es libre. La tortura no la considera como tal la mayoría de los participantes a estas fiestas «salvajes», que se celebran cada año en diferentes localidades españolas. Catorce comunidades autónomas permiten que sus pueblos -o al menos no hacen nada por evitarlo- celebren estas fiestas que bien pueden ser patronales, religiosas o paganas. El número de localidades españolas que practica el maltrato a los animales asciende a más de 80. Se dice pronto, pero si tenemos en cuenta que de 17 comunidades autónomas que hay en España, 14 son cómplices por acción u omisión, no es una cifra que extrañe. Los animales más utilizados en estas peculiares actividades festivas son: toros, asnos, gallos, cerdos, patos, vaquillas, cabras, novillos, gansos, burros, terneros, etc. Entre las fiestas más conocidas está, quizá, la de Lequeitio (Vizcaya). Los lugareños utilizan para sus «juegos» gansos colgados cabeza abajo de una cuerda, que atraviesa el puerto.

Los hombres se acercan en embarcaciones marineras y enganchan al animal como pueden, pero principalmente del cuello, que se lo han de arrancar. Los que están en el puerto aflojan y tiran de la cuerda para que el participante se hunda en el agua y vuelva a surgir, reiteradamente, mientras lucha por desplazar la cabeza del cuello del animal. Todo vale, mordiscos, tirones, con tal de conseguir su objetivo. Hasta hace dos o tres años, los gansos que colgaban estaban vivos. Pero a raíz de una fuerte polémica promovida por las asociaciones en defensa de los animales, esta práctica se hace ahora con gansos muertos. En esta linea está el pueblo de Carpio de Tajo (Toledo). Aquí, los mozos, normalmente los que ya han hecho el servicio militar, van montados a caballo y con su mano libre tienen que arrancarle el cuello al ganso. La crueldad va más allá, al elegir aquellos que tengan más dureza en su cuello para que tarden más tiempo en morir. Pero no sólo son gansos. En Guarrate (Zamora) lo hacen con gallos. 

Algunos pueblos, hambrientos de emociones fuertes, no se conforman con utilizar aves de corral o pequeños animales domésticos y recurren a especies protegidas sin hacer caso de la legislación que prohíbe el exterminio de las mismas. El pueblo madrileño de Robledo de Chavela ofrece uno de los mejores ejemplos de esta «práctica festiva». En Robledo echan mano de las ardillas, además de gatos y palomas durante la Semana Santa, concretamente el domingo de Pascua, haciendo gala de un espíritu lúdicoreligioso de díficil comprensión. La tradición dicta que la procesión del domingo de Ramos se detenga ante un madero que tiene unos cántaros colgados alrededor. La noche anterior, en esos cántaros se han introducido palomas, gatos y ardillas. A los acordes del himno nacional se rompen los cántaros a pedradas y los animales caen unas veces muertos y otras heridos. Las ardillas están protegidas por el Convenio de Berna y cuando se les dijo a los vecinos del lugar, contestaron que había muchas en el monte. Además de esta falta de sensibilidad, según la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA), esta tradición es defendida enérgicamente por el párroco, que la asocia a la lucha contra el pecado.

También abundan los ejemplos de tortura a los cuadrúpedos. Los toros y vaquillas son las víctimas de las fiestas populares por excelencia. Existen cientos de formas de hostigar a los bóvidos, elaboradas a la perfección a lo largo de los tiempos. Quizás uno de los ejemplos más dramáticos sea la conocida «Corrida Marinera», que consiste en arrojar un toro al agua, previamente enfurecido por llevar clavadas multitud de banderillas. En Candas (Asturias), cuentan que en el año 1988 se arrojó un toro tantas veces al agua que prefirió ahogarse a regresar a la orilla y seguir soportando la tortura. El año pasado, el toro consiguió escapar a sus perseguidores, pero apareció en el pueblo de al lado, sembrando el pánico. Pero cuando faltan los toros, o resultan demasiado caros, los pueblos se decantan por otros mamíferos. La cabra es el «juguete» elegido en Manganeses de la Polvorosa (Zamora). Desde la torre del campanario se la arroja y luego los festejantes la rodean en el suelo para ver si está reventada.En caso contrario, la rematan. No falta tampoco el espectáculo de «Toronto» y tiovivo en pueblos como Colmenar Viejo y El Pardo, en Madrid, a base de ponies y burros en el que los animales dan vueltas hasta el agotamiento. Un burro viejo es el preferido en las fiestas de «Pero Palo» de Villa Nueva de la Vera (Cáceres), que tanta repercusión han tenido en la prensa inglesa. Al animal se le arrastra de una soga durante todo el día sometido a tratos vejatorios hasta que revienta.

19 abril 2017

Camilo José Cela, un consumidor de droga habitual

«La soledad es el premio más alto que nadie puede recibir. Y tengo un título muy señalado para decir esto: el de ser el gozoso solitario que soy, y uno de los españoles que menos premios literarios haya podido ganar en su vida: el de la crítica, el Nacional de Literatura, el Príncipe de Asturias, y el Nobel. La verdad es que tampoco necesito más, aunque nunca haya renunciado a ninguno», declaró el escritor Camilo José Cela, dentro del cursohomenaje a su obra que se celebra en El Escorial. El curso dedicado a Camilo José Cela, a quien le consideran un auténtico escritor de raza, capaz de innovar el lenguaje y la savia de los mitos eternos, está dirigido por Francisco Yndurain, catedrático de Literatura Española de la Complutense. El reciente premio Nobel lleva muchos años peleándose con lo que el llama «la bestia hirsuta», es decir, la letra impresa, el pensamiento y el buen orden de las conductas individuales y colectivas. «Ahora estoy navegando en las últimas singladuras de mi travesía. Asisto, entre atónito y sobrecogido, al amargo espectáculo de esta lucha por el pan, en la que ni entro ni salgo, porque, para mí, carece de todo tipo de interés», afirmó.

En la presentación del curso, Camilo José Cela describió con detalle el significado de tres de los conceptos más importantes en esta vida: libertad, seguridad y paz. Por ellos levanta la bandera, «porque son los firmes y airosos nudos con los que se debe levantar el progreso». Para Cela la seguridad y la paz son una misma cosa, y manifestó que es una falacia aseverar que pueda preferirse la injusticia al desorden o viceversa. «Confundir el procedimiento con el derecho -añadió- como tomar la letra por el espíritu, no conduce a la injusticia, situación que es fuente y a la vez escuela de aquel desorden». Así mismo se ha mostrado en defensa del hombre contra la congregación, el sindicato y el partido. «Levanto bandera por la persona frente al Estado, que arroja la dignidad con el oxidado aparato de la burocracia que no cesa; y contra la camarilla que entiende el gobierno de los pueblos como una sociedad de seguros mutuos». Cela describió así la situación de la literatura: «Ahora -dijohay una revuelta vida literaria, una cultura de noria girando sobre sí misma y una vida política escuálida, de campanario y de comité, pero que nadie se impaciente, porque al final triunfará la literatura». Camilo José Cela recalcó que aspira a defender la libertad sin apasionamiento alguno, sin demasiada fe, e incluso, sin una excesiva convicción.

Camilo José Cela se pregunta. qué puede importamos nada ante el gran negocio de la redención del alma, de todos los dolores, . vejámenes y castigos. «¿f3por qué llorar la'pérdida del latido del cuerpo cuando lo que se gana es la. conquista de la paz imperecedera?» Considera la libertad como una «facultad de hacer incluso lo que la ley prohibe, y, desde luego, no según la pauta que dicten los dómines. El natural enemigo de la libertad es el Estado, constreñidora entelequia con la que el hombre, para ser libre, no debería colaborar jamás. Y digo esto casi al borde de entonar la apología de las amargas muletas que permiten al hombre seguir caminando sobre dos pies». Esta convencido de que el hombre tiene que vivir su propia libertad, a espaldas de las ataduras, pues con la suma de todas las libertades puede acabar confundiéndose, con suerte y libertad para gozarla, en la misma e inabdicable libertad del hombre. «Anarcasis asegura que los inteligentes deliberan y los necios deciden. Probemos a seguir deliberando y dejemos la necesidad para quienes gobiernan, arbitran, deciden, parten y reparten». Así concluyó Camilo José Cela una conferencia que abre un curso de diecisiete actos sobre su persona, aunque él cree que sobra tela cortada, «porque a lo mejor tampoco tengo yo cuerpo bastante para tanto chaleco» dijo el Premio Nobel. 

21 febrero 2017

El vestido hecho de filetes crudos de Lady Gaga

Qué es eso? ¿Un steak tartare gigante en el patio de butacas? ¿O es un carpaccio mutante quien ha subido a recoger el premio? Ahh no, es Lady Gaga con un vestido hecho de... ¿filetes crudos? Efectivamente. La última gala de los premios MTV ha servido para que la diva pop se supere a sí misma con un modelo que ha logrado lo que ningún artista había conseguido hasta ahora: eclipsarse a sí mismo. ¿A alguien le importa ya que la alumna aventajada de Madonna se llevase ocho de los 13 premios a los que estaba nominada? No, a pesar de haber batido un nuevo récord histórico, de lo único que se habla a día de hoy es de su diseño cárnico.


El autor del trajecito que ha desatado las iras de la asociación a favor de los derechos de los animales PETA y despertado la admiración de los amantes de la moda arty es el cuasi desconocido Franc Fernández, un modisto de origen argentino que se ha marcado el pelotazo de su carrera. Tras ver la sesión de fotos que la artista había hecho para el Vogue nipón con un bikini confeccionado con tiras de bacon, Fernández decidió llevar la idea más allá. Contactó con el carnicero de su familia en Los Angeles Valley y le pidió hasta 25 kilos de matahambres (unos largos filetes de la falda de la ternera, muy populares en Argentina para hacer rellenos). Con mucho cuidado, los grapó e hiló entre sí sobre un corpiño en una cámara frigorífica para evitar la descomposición de la carne y luego lo transportó en un frigorífico hasta la gala para que Lady Gaga pudiera cambiarse en uno de los descansos.

Pasado el susto inicial, han sido muchas las preguntas que han quedado en el aire: ¿Olía mal? Según Fernández, la cantante dijo que no: «Lo definió como un olor dulce». Pero en la carnicería Naturaca (Mercado de la Alameda de Osuna, Madrid), donde han preparado nuestro vestido de carne (ver columna de la derecha), creen que eso es imposible. «Más bien es hedor, no olor. Tiene un aroma similar a la humedad, es difícil de describir», nos explican (el rictus de Cher, que le entregó el premio, parece darle la razón).

Otra pregunta, ¿sangraba? «No, es una carne muy dura y sin vasos sanguíneos», prosiguen. Más, ¿era cómodo? Lady Gaga ha dicho que sí, pero lo ponemos en duda: si es capaz de andar sobre esas plataformas cualquier cosa puede resultarle cómoda. ¿Qué ha sido del innovador modelo? El propio diseñador no lo sabe, aunque cree que se habrá podrido ya: le ofrecieron disecarlo, pero no quiso.

Lo que está claro es que esta alta costura es para todos los bolsillos, con cinco matahambres uno puede hacerse un vestido con cola y sale por unos 45 euros. En tiempos de crisis, ¿se impondrá esta moda orgánica? A Lady Gaga ni le va ni le viene, tal y como ha dicho, tan sólo quería denunciar que no era un «trozo de carne». Pues muy bien.

EL TENDEDERO. Cada pieza pesa un poco más de un kilo, no sangra pero desprende un olor no muy agradable al ser una carne grasa.

EN EL PROBADOR. Uniendo las piezas con grapas, nuestro carnicero Alberto se ha confeccionado un traje con cola similar al de la diva.

POR QUÉ. LOC contactó con una carnicería para que nos diseñara un vestido similar. Lo hicieron con matahambres o filetes de falda.

14 febrero 2017

El amor desmedido por la moda

«Una gran historia de amor...». Ya me imaginaba yo, pensé, que algo le pasaba a Charo Izquierdo para estar tan bellamente exultante. «Una gran historia de amor -continuó- con la moda española». Vaya por Dios, yo que ya pensaba que tenía tela que cortar en la redacción. En el baño. Con la segunda capa de rouge Paloma Picasso. «Pues Charo Izquierdo, ayer en la fiesta que abre Cibeles, dijo, que yo la oí, y subidita a un estrado del Villa Magna, por cierto con un vestido en rojo ideal, que está viviendo el amor de su vida y, por eso, está así de estupenda. ¿Cómo os queda el ojo?», que una, ya que se pone, inventa, recrea, corta, pinta y colorea.


Pero nada. Que la directora de la revista reafirmaba su compromiso y el de su publicación con el diseño made in Spain y me quedaba yo con dos palmos de narices y sin un cotilleo tan suculento. Sea como fuere, cómo estaba de guapa la Izquierdo y qué buena boda ha hecho Andrés Aberasturi jr. que, mira tú por dónde, no me quedé yo con ganas de comedia romántica. Estaba radiante y eso que ayer todo fueron nervios en la inauguración del Ego, que él dirige, teniendo como espectadora de excepción a Doña Letizia. De Adolfo Domínguez. Que si tiene que dedicar el modisto gallego todos sus ingresos a una campaña mediática no le sale mejor.

Se lo tuve que decir a Pacho Castilla, mandamás de la firma, que una ya no se calla nada. «Hijo, ¿cómo ha sido?». «¡Cómo ha sido, Ana!», mirándonos a los ojos. No hacían falta más palabras. Ya estaba todo dicho. Que eso también nos pasaba a todas con Christian Louboutin y sus slippers de perlitas y motivos arapahoes. Que nos mirábamos, sonreíamos, señalábamos al zapato y/o stilletto que nos alzaba el gemelo y decíamos: congratulations. Que también estaba ya todo dicho o que ninguna hablamos ni inglés ni francés. Alaska sí. Charló sobre su gira, que esta chica vale un Potosí. Y Rossy de Palma, también. Como que llevaba un salón con la consabida suela rosa en toda la coronilla. Con tal zapatazo en la crisma, una puede hablar en bable si le sale de la blonda. Bibi, en cambio, se quedaba muda. Había tenido que medicarse porque el tacón que iba a ponerse de repente no le combinaba con el estilismo y «un drama así, de forma natural, ya sabes niña que no se pasa. Para algo está el trankimazín».

«¿Y Lomana? ¿Dónde se ha metido Lomana?». «A mí me ha dicho que tenía que descansar, que mañana tenía que estar fresca ante el estreno mundial del bolso que lleva su nombre». La que contestaba a la pregunta era servidora, que me las doy de lista. Pero Carmen estaba en Yo Dona como todo el que es alguien en Madrid y el mundo, pero es tal el gentío que mueve, que una ya no se puede ni acercar a la diva rubia. Me guarecí en los brazos de Miguel Marinero, siempre lo hago, como entre sus pieles en invierno, para sentir calor de hogar. También tuve oportunidad de hacerlo en los de Emiliano Suárez, que manos que engarzan brillantes bien pueden cobijar a una dama como moi.

Hasta pensé tirarme cual dama de las camelias a los pies de Jesús del Pozo para que me recogiera con su pashmina. Cuando una mujer se siente desvalida, siempre hay que apuntar alto, n'est-ce pas?